¿Es que el grado de libertad que te permites para pensar por ti mismo, cristiano, es tan mínimo que no puedes razonar ante las montañas de evidencias que apuntan a la sistemática protección que el Vaticano ha hecho de los pederastas denunciados en cada país del mundo? ¿En serio te importan tan poco los niños sexualmente violentados por tus curas y con secuelas de por vida, que prefieres seguir siendo cómplice con tu silencio o tu pertenencia a esa institución penetrada que ha logrado montar uno de los más perversos sistemas de protección a la violación sistemática de niños?
Esta inmundicia y dolor suceden desde tu iglesia, el espacio de confort de los pedófilos y pederastas que supieron en el pasado –y lo comprueban aún hoy– que los niños estarán allí a su merced, incluso con la aprobación y confianza de sus propios padres. Por años han perfeccionado este sistema de hacer creer a los creyentes (qué más fácil que convencer a un creyente) que son mentiras o que son casos aislados o que dios proveerá su castigo o que los trapos sucios se lavan en casa o que el nombre de dios no debe verse manchado por unas manzanas podridas o que todo lo bueno que hace la iglesia no debe verse contaminado por unos cuantos renglones torcidos?
¿En serio no te das cuenta, cristiano, del tamaño del engaño, de este engranaje de salvataje instituido por años para proteger, no a los niños, sino a sus violadores? ¿No ves cómo por años vienen actuando dentro de la iglesia con total impunidad a sabiendas de que justo allí pueden saciar sus inmundos apetitos porque “la institución” los pondrá a salvo de la ley? Es el paraíso de los pedófilos y pederastas, ¿no lo ves? Los padres te ofrendan a sus hijos, tú los violas y la cofradía te protege. Saben que quienes manejan la institución y viven de ella, prefieren – todas y cada una de las veces que ha habido una denuncia– sacrificar a los niños, tus niños, los niños de tus hermanos cristianos. La economía, el nombre, la apariencia están para ellos por encima de las atrocidades contra los niños (los vejados ayer y los que están siendo vejados hoy).
Que se confiesen todo lo que quieran, que los manden a rezar hasta el fin de sus días bajo sus leyes religiosas, pero nadie, menos un violador de niños, debe estar por encima de la ley de los hombres. Por más dios en el que crean y castigo divino que le aseguren, violar, acosar, violentar sexualmente a un niño es un delito que debe ser castigado por las leyes, que para eso existen. Porque el pederasta seguirá manoseando, penetrando y violando en tu comunidad, en el Sodalicio, en sus colegios: Villa Cáritas, San Pedro o en cualquier colina apartada de Roma al que lo manden, siempre encontrará la forma de volver a violar niños porque se sabe a salvo.
¿En serio te dices cristiano y crees que basta con disculparlo porque fue el diablo que lo hizo hacerlo? ¿O porque hizo algunas otras cosas buenas? Qué nefasta tu iglesia, pero qué nefasto tú, que no haces lo suficiente por salirte de esa hermandad de pervertidos que se lava la cara reclutando a buenas personas, lo suficientemente necesitadas espiritualmente o lo suficientemente buenas y crédulas como para ayudarlos a sostener su espantosa lavandería de violaciones infantiles. Abre los ojos, reacciona. Tus hijos, y los hijos de tus hermanos no cesarán de estar en peligro porque tú quieras disculpar a los abusadores, hables de ellos bajito o los defiendas. Solo serás cómplice de la que es quizás la más grande organización en la historia, de protección paralegal de pederastas. Sigue callando, cristiano, sigue perteneciendo, ni dios podrá salvarlos.
http://larepublica.pe/impresa/opinion/841799-en-serio-cristianos
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