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miércoles, 16 de junio de 2021

El reto de unificar los subsistemas de salud: la tarea pendiente que deja la pandemia

La pandemia de la COVID-19 obliga a las autoridades a reformar el sistema de salud que en nuestro país tiene problemas estructurales, como su fraccionamiento.

Reforma del sistema de salud
Tarea pendiente para el próximo Gobierno, la reforma del sistema de salud. | Fuente: Andina

Hace unos días se conoció que, de marzo 2020 a mayo 2021, la cifra de fallecidos por COVID-19 en el Perú es de 180 764. Esta cifra es equivalente a la capacidad de tres estadios nacionales llenos. Y si bien la pandemia de la COVID-19 golpeó a los sistemas de salud de todo el mundo, en el Perú el impacto ha sido más devastador. Una tragedia así obliga a las autoridades a reformar el sistema de salud que en nuestro país tiene problemas estructurales, como su fraccionamiento.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Salud (Minsa) ofrece servicios de salud para el 60% de la población, EsSalud cubre el 30%; y la Sanidad de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional Fuerzas Armadas, y el sector privado proporcionan servicios sanitarios al 10% restante.

Para la especialista en salud pública de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) Magaly Blas, un sistema fraccionado es desarticulado e ineficiente. “Se gasta mucho en burocracia que mantienen cuatro subsistemas: Minsa, Essalud, FFAA y PNP. Cada uno tiene sus estándares de administración y los servicios son diferentes”, indicó.

¿Y cómo se vio el fraccionamiento en la pandemia? Por ejemplo, en una familia con solo un miembro asegurado a EsSalud sí podía tener acceso a una prueba diagnóstica, sin embargo, otros miembros sin EsSalud no se les tomaba la prueba. “No puedes hacer identificación de casos positivos, rastreo de contactos. No puedes saber información de cuántas camas UCI hay porque todo está fraccionado”, refiere la especialista.

“Creo que el fraccionamiento del sistema de salud ha probado ser dañino para enfrentar una pandemia como esta y la idea es que, si bien hubo intentos de articulación, esta pandemia nos enseña una gran lección que esto debe cambiar. Así como otros lugares que han tenido sistemas desarticulados y con un evento mayor se han tenido que unificar, el Perú debería aprovechar esta gran lección para unificarlos”, añadió Blas.

La propuesta

Magaly Blas señala que desde la iniciativa ciudadana INCIDE han propuesto un nuevo primer nivel de atención integrado. Se trata de unificar a los diferentes subsistemas de salud para que funcionen en una región como uno solo. Este nuevo primer nivel de atención debería adecuarse a las distintas realidades, ser gratuito y que siga al paciente a lo largo del tiempo.

“A la larga va a conllevar a un ahorro para el Estado, porque vas a invertir en el primer nivel y ya no en trasplante renal para un paciente diabético que si hubiera sido controlado en el primer nivel de atención no hubiera llegado a necesitar trasplante”, manifestó.

Para la implementación de esta propuesta se contempla, además de mejorar la recaudación, un fondo nacional de salud. “Lo que planteamos es que cada subsistema dé fondos para un Fondo Nacional en común que sea el que financie la implementación en territorio bajo las redes integradas de salud que ya existen”, manifestó.

El bache: la continuidad de las políticas

Desde el retorno a la democracia en el 2000 hasta la actualidad, ha habido hasta 21 designaciones de ministros de Salud, lo que ha dificultado la continuidad en las políticas públicas. La situación en las regiones es similar: las personas encargadas de la Direcciones Regionales de Salud cambian constantemente.

La más reciente apuesta gubernamental para el fortalecimiento de los servicios públicos de salud está orientado a la creación de las denominadas redes integradas de salud (RIS).

“No hay continuidad en las políticas. Una gestión promueve una ley que la otra gestión la anula, así hemos estado viviendo desde el 2016. Luego se establece las RIS en el 2018 y recién en el 2020 se saca el Decreto Supremo que dice que las van a volver más operativas, pero no hay continuidad de política de ese tipo, no hay como una visión que diga vamos a orientarlo e integrarlo”, manifestó Blas.

Por su parte, el decano del Colegio Médico del Perú, Miguel Palacios Celi, sostuvo que el próximo gobierno debe realizar una convocatoria amplia para una comisión múltiple que integre tanto organizaciones sociales, sociedades médicas y técnicas, para iniciar un proceso de reforma del sistema sanitario. “La fragmentación institucional es uno de los problemas que se tiene que resolver. Esta comisión tiene que plantear una hoja de ruta, de manera progresiva, sólida. Es difícil entrar a EsSalud y decirles ‘ahora todos somos iguales’. Tiene que ser de una forma progresiva, se puede empezar transformando redes integradas de salud que permitan fluidez de atención”, sostuvo.

Palacios Celi también considera que la ausencia en una reforma sanitaria de largo plazo se debió al desinterés de nuestra clase política. “Si ahora no resolvemos el problema del sistema de salud del Perú, vamos a seguir padeciendo estragos en el futuro. Durante estos 46 años, a la clase política no le interesó resolver el tema de salud”, reflexionó.

Asimismo, señaló que todo intento de reforma que busque ser sostenido en el tiempo debe involucrar la participación social y profesional. “Este nuevo intento de reforma que debe promover y llevar adelante el nuevo gobierno tiene que incluir no solamente la unificación, no solamente un presupuesto sólido y que constantemente se incremente a razón del 0.5% del PBI cada año, sino también debe incluir una nueva forma de gobernanza que dé participación a la sociedad civil organizada, así como a los profesionales”, dijo Celi y añadió que para todo ello también es necesaria la estabilidad política.

Primero ordenar la casa

Al inicio del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, se designó una comisión de protección social que tuvo como mandato proponer políticas sobre pensiones y sobre salud. “En el tema de salud lo que hizo ese equipo fue proponer un camino gradual donde se aseguraba la cobertura financiera marchando hacia un fondo único, pero es un proceso larguísimo porque hay varias etapas intermedias. Lo valioso de esta propuesta era que teníamos todos los peruanos una cobertura sanitaria financiada por el Estado y los diferentes regímenes que iban poco a poco articulando en un fondo mancomunado. Es un elemento valioso, pero con toda la crisis de los últimos cincos años, eso quedó en el papel”, detalló César Amaro, consultor de Videnza.

Amaro considera que, si bien idealmente los fondos en salud deberían ir a uno mancomunado, un elemento legal a considerar es que los fondos de EsSalud son constitucionalmente intangibles. “Hablar de un fondo único en frío es inviable política y legalmente, sí se puede ir construyendo de manera gradual un gran gestor de un fondo mancomunado, no digo integrados, pero sí diferenciados pero gestionados bajo una gran cartera de recursos seria muy potente para que haya un financiamiento equitativo”, manifestó.

Para Amaro, la reforma en el sector salud también pasa por ordenar primero la casa. “Tener un ente rector que es el Ministerio de Salud que se dedique al rol de conducción del sistema con una misión y visión en común”. Algo que ocurre actualmente es que el Ministerio de Salud dedica gran parte de su tiempo a las labores operativas, de logística y de organización de los hospitales de Lima, a través de la Direcciones de Redes Integradas de Salud (DIRIS).

“Tenemos un rector que es como un piloto de avión que está dedicado a cuidar que los pasajeros tengan cinturón de abrochado, en lugar de velar de que la aeronave funcione bien y tenga un curso de acción. El Minsa dedica buen tiempo a labor operativa, logística y se distrae de su labor de rectoría”, manifestó.

Los especialistas consultores para este informe coinciden que el sistema actual no puede mantenerse tal como está. La reforma en el sector salud no puede esperar a que llegue otra pandemia.

 

https://rpp.pe/politica/gobierno/el-reto-de-unificar-los-subsistemas-de-salud-la-tarea-pendiente-que-deja-la-pandemia-noticia-1340378

domingo, 13 de diciembre de 2020

«No habrán más olas», insiste Farid Matuk sobre la COVID-19

Algunos especialistas se pronunciaron sobre un segundo brote o una segunda ola del virus tras las declaraciones de Jesús Valverde, el presidente de la Sociedad Peruana de Medicina Intensiva (Sopemi), sobre el alza en el número de contagios de COVID 19.

Valverde manifestó que “hace unas semanas vemos un incremento importante de casos en los hospitales (…) y tenemos que estar atentos a la evolución de los casos sobre todo en cuidados intensivos”. A este escenario se suma la información que Fernando Donayre, médico infectólogo del Instituto Nacional de Salud (INS), sobre el primer caso de reinfección por COVID-19 en el Perú.

En ese escenario, el economista y exintegrante del Grupo Prospectiva, Farid Matuk, explicó que “mientras en el resto del mundo hay ‘olas’, nosotros tuvimos un «combo-tsunami» -de norte a sur y en costa, sierra y selva“. Por esta razón, insiste en que «prácticamente todo el que podía infectarse se infectó, y por ello no habrán más olas». 

Ya en octubre, Matuk detalló a CARETAS esta misma situación. «No va a venir una segunda ola porque la mayor parte de personas que iban a morir por el Coronavirus, ya murió. No puede haber una segunda ola porque ya no hay más personas con potencial de muerte, ya no quedan más personas por morir. No es que el virus mate a todos, el virus mata a uno de 200», aseguró.

Por otro lado, el ministro del Interior, José Elice, indicó el pasado once de diciembre que “en caso haya síntomas de rebrote o incremento de contagio, inmediatamente se procederá a tomar medidas restrictivas”.

 

https://caretas.pe/politica/no-habran-mas-olas-insiste-farid-matuk-sobre-la-covid-19/

sábado, 17 de octubre de 2020

Coronavirus: el gen "prácticamente idéntico" que comparten pacientes graves de covid-19 y neandertales

Hombre observa la recreación de una cabeza neandertal en un museo en España.
Pie de foto,

El cruce entre sapiens y neandertales pudo haberse producido varias decenas de miles de años atrás.

Del apareamiento con los neandertales, nuestros primos evolutivos, heredamos pieles y cabellos más gruesos para combatir mejor el frío y un sistema inmune más reforzado.

Pero también adquirimos genes que nos hacen propensos a sufrir ciertos padecimientos.

Y el último de estos podría ser la covid-19, enfermedad que provoca el nuevo coronavirus.

Esto lo afirma un estudio conjunto de los institutos Karolinska de Estocolmo en Suecia, el de Antropología Evolutiva Max Planck en Leipzig, Alemania y el de Ciencia y Tecnología de Okinawa en Japón.

De acuerdo con la investigación, un número considerable de pacientes graves por covid-19 comparte un segmento de ADN muy similar a uno que portaba el homo neandertal.

Es "prácticamente idéntico", apunta a BBC Mundo Hugo Zeberg, coautor del estudio y profesor de neurociencia en el Instituto Karolinska.

Dicho segmento genético persiste en alrededor de 50% de personas en el sudeste de Asia y en un 16% de europeos.

El estudio, publicado en la revista Nature, estima que portar este fragmento de ADN podría triplicar el riesgo de hospitalización y gravedad tras infectarse por coronavirus.

"Prácticamente idéntico"

Las similitudes encontradas por Hugo Zeberg y su colega Svante Pääbo son casi absolutas.

El grupo genético en cuestión, que se encuentra en el cromosoma número 3, es "prácticamente idéntico", con solo unas pocas posiciones distintas "en un segmento de ADN de 50.000 pares de bases", explicó Zeberg a BBC Mundo.

El estudio involucró a 3.199 pacientes, sobre todo en Europa, y sus hallazgos certifican que este es el mayor factor genético de riesgo en los casos graves y hospitalizados de Covid-19.

Paciente ingresado con coronavirus en Moscú.
Pie de foto,

En el estudio participaron 3.199 pacientes y sus hallazgos certifican que este es el mayor factor genético de riesgo en los casos graves y hospitalizados de covid-19.

Varias investigaciones afirman que esta herencia genética fue producida por relaciones sexuales esporádicas que mantuvieron homo sapiens y neandertal hace decenas de miles de años.

"Todas las personas que no tienen raíces ancestrales de África llevan alrededor de un 2% de ADN neandertal", explica Zeberg.

Dicha herencia es especialmente notable en el sudeste asiático, donde el 50% de habitantes porta este gen. En Bangladesh esta cifra asciende hasta un 63%.

Otros factores de gravedad

La gravedad de la infección por coronavirus no está determinada de forma exclusiva por la genética. Aquí entran en juego otros condicionantes, especialmente la edad.

A pesar de que las herencias neandertales son más acusadas en el sudeste asiático que en Europa -un 50% frente a un 16% de la población- "la edad media en India son 27 años y en España 45", ejemplifica Zeberg.

Manifestación en Bangladesh.
Pie de foto,

La herencia neandertal es más acusada en el sudeste asiático, especialmente en Bangladesh.

"Hay muchos más ancianos en Europa que en el sur de Asia y otros factores entran en juego, como los hábitos sociales y la forma en que los países responden a la pandemia", agrega el académico.

En España se produce una media de 69 muertes por covid-19 por cada 100.000 habitantes. En India, mientras, mueren unas ocho personas de la misma muestra, de acuerdo con datos recientes de la Universidad John Hopkins en Estados Unidos.

Rastro neandertal

Estudios anteriores han examinado la influencia de los neandertales en nuestra composición genética.

Varias enfermedades actuales, como la diabetes o el síndrome de Crohn, podrían provenir de nuestros primos del pasado.

También distintos mecanismos de defensa con los cuales combatimos virus e infecciones, tal y como presentó un estudio de la Universidad de Stanford en Estados Unidos en 2018.

Exhibición de cráneos homínidos en París, Francia.
Pie de foto,

A la herencia neandertal le debemos varias enfermedades actuales, pero también un sistema inmune más preparado par combatir infecciones.

A la lista del legado neandertal se suma ahora el factor de riesgo de enfermar de gravedad por coronavirus, un hallazgo que podría tener implicaciones positivas en el futuro.

"No por conocer el origen neandertal por sí mismo, pero la asociación genética es importante. Podría ayudar en la identificación de objetivos para futuros medicamentos", concluye Zeberg.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-54463663

sábado, 12 de septiembre de 2020

¿Por qué la epidemia está bajando en Lima?

En las últimas semanas se observa una caída sostenida del número de muertos excedentes en la ciudad de Lima, una reducción de 40% en menos de un mes.

Centro Wiñaq

Centro Wiñaq

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Como hemos explicado en una columna anterior, hemos sufrido, como país, una grave derrota frente al coronavirus y en los próximos tiempos va a haber una disputa por la interpretación de ese fracaso: qué factores políticos, económicos y sociales están detrás de ese hecho, a quienes debemos asignar las principales responsabilidades, qué cambios necesitamos hacer en el país para que ese fracaso no se repita, etc. Sería mejor que ese debate sea basado en hechos y no en simpatías o antipatías ideológicas o políticas. Esta columna va en esa dirección.

En las últimas semanas se observa una caída sostenida del número de muertos excedentes en la ciudad de Lima, una reducción de 40% en menos de un mes. ¿Qué factores explican esa caída? ¿Qué ha cambiado en ese tiempo que ha frenado la propagación de la epidemia?

| Fuente:

A fines de junio e inicio de julio, el MINSA realizó un estudio de seroprevalencia en Lima y encontró que 2,700 707 había adquirido la enfermedad en algún momento, representando un 25.3% de la población.[i]

Considerando el número de muertos excedentes en la fecha del estudio era de 24,215 (SINADEF) encontramos que la tasa de fatalidad del virus estaba entre 0.8% y 1.0%. Esa tasa de fatalidad es mucho menor de la que reporta el MINSA, pero el Imperial College hizo un estudio similar para el Brasil y encontró que la tasa de fatalidad del coronavirus estaba en un rango de 0.7% a 1.2%. Nuestro estimado para Lima está dentro de ese rango.[ii]

Si consideramos que el número de muertos en Lima en la primera semana de septiembre era de 41,857 (SINADEF), la tasa de fatalidad del virus es de 1.0%, concluimos que la cantidad actual de personas con anticuerpos en Lima es de 4.2 millones de personas, es decir, cerca del 40% de la población. Ello significa que 2 de cada 5 personas ya son inmunes al virus. Ese gran número de personas inmunes frena la dinámica de propagación del virus.

Estudios internacionales afirman que la inmunidad de rebaño para el coronavirus estaría entre 60% y 70%. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Estocolmo ha concluido que para poblaciones heterogéneas, como la de Lima, el nivel de inmunidad de rebaño es de 43%, un porcentaje muy similar al que hemos encontrado.[iii] Además, si la población incorpora algunas prácticas de protección, como evitar aglomeraciones, conservar el distanciamiento, uso de máscaras, etc., ese porcentaje puede bajar aún más.

El coronavirus tiene un ciclo de 14 a 17 días, en el cual el virus está presente en la sangre de las personas. Pasado ese tiempo, el virus desaparece de su sangre, y la persona ya no puede contagiar. Alguien que estuvo enfermo en meses pasados, puede salir positivo en una prueba rápida, pero ya no es un transmisor de la epidemia. Por ello, los taxistas, comerciantes o distribuidores de comida, muestran una seroprevalencia alta. Pero, difícilmente sean propagadores del virus. No hay que olvidar que las personas solo pueden contagiar por dos semanas y media, pero la epidemia tiene ya más de 150 días.

Sabemos que 40% tienen anticuerpos del virus, pero ¿cuantos de ellos son portadores activos del virus? Por la tasa de fatalidad del virus sabemos que en todo momento alrededor del 1.0% de los enfermos activos van a morir en los próximos días. En base a los muertos excedentes por coronavirus hemos calculado cuántos portadores activos ha existido en Lima a lo largo de la epidemia. Ese número es importante porque mide el riesgo de contagio. Si ese número baja, hay menos personas propagando el virus.

La gráfica muestra que ese porcentaje llegó a casi 6.5% en mayo y ahora es cerca 3.0%. Ello quiere decir que solamente una de cada 33 personas es portadora activa del virus. Esa reducción del número de portadores del virus y el aumento del número de personas inmunes son los dos principales factores que explican la caída de la epidemia en Lima.

[i] https://www.gob.pe/institucion/minsa/noticias/216013-estudio-de-prevalencia-determina-que-el-25-3-de-la-poblacion-de-lima-y-callao-estaria-infectada-de-covid-19

[ii] https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/medicine/mrc-gida/2020-05-08-COVID19-Report-21.pdf

[iii] https://science.sciencemag.org/content/369/6505/846

NOTA: “Ni GRUPORPP ni sus directores, representantes o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.

 

https://rpp.pe/columnistas/centrowinaq/por-que-la-epidemia-esta-bajando-en-lima-noticia-1291870

jueves, 27 de agosto de 2020

Por qué la pandemia de coronavirus está siendo tan mortal en Perú

Perú es ya el país con mayor tasa de mortalidad por COVID-19 del mundo. La precariedad sanitaria y los errores de gestión explican muchas muertes, pero los expertos alertan sobre el peligro de comparar entre países.

El entierro de una víctima del COVID-19 en Lima

El récord más triste. Ayer miércoles (27.08.2020) una revisión de los decesos provocados por el COVID-19 en Bélgica convirtió a Perú en el país con mayor tasa de mortalidad del mundo por la pandemia. A pocos conocedores de la situación local debió de sorprenderles, ya que las muertes a raíz del coronavirus se suceden a razón centenares al día y la cifra de fallecidos ha sobrepasado los 28.000.

¿Cómo ha llegado el país andino a esto? "Ha habido muy poca inversión en salud en los últimos treinta años, además de una gestión que no fue al ritmo de la evolución de la pandemia; muchos sitios del país no estaban preparados para una pandemia de infección respiratoria como esta”, señala en entrevista con DW Rubén Mayorga, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Perú. "La pandemia de coronavirus ha desnudado las deficiencias que tenía el sistema de salud”.

Los 28.124 fallecidos por el virus SARS-CoV-2 que registra Perú se traducen en una mortalidad de 85,8 muertos por cada 100.000 habitantes.

Pero la escasez de capacidades diagnósticas en prácticamente todo el planeta ha dificultado abarcar la magnitud de la pandemia desde el principio, por lo que se sobreentiende que existe un subregistro importante de su mortalidad. En Perú hay un exceso de más de 65.000 fallecidos desde el inicio de la pandemia en comparación con años anteriores. Esto significa que desde marzo los decesos a nivel nacional se han incrementado en un 120% respecto a los dos años precedentes.

"Perú tenía menos gasto sanitario per cápita que Ecuador, Colombia, Brasil y Chile, solamente superaba a Bolivia en este sentido”, explica a DW Farid Matuk, quien hasta hace poco asesoraba al Gobierno peruano como parte del Grupo Prospectiva.

En el mismo sentido se pronuncia César Ugarte, profesor de la Universidad Cayetano Heredia: "Éramos de los países de Latinoamérica con menos camas UCI, o con menor acceso a plantas de oxígeno”, dice el médico en entrevista con DW. "Perú cometió un error sustantivo al reducir la cuarentena y producir los casos más visibles de ausencia de cama y ausencia de oxígeno, que produjeron muertes que podrían haber sido evitadas”, agrega el economista Matuk.

Lo que los números oficiales no pueden contar

Los entrevistados coinciden, sin embargo, en que hay otros factores que ayudan a explicar por qué en Perú ha crecido tanto la tasa de mortalidad, más allá de esta falta de capacidad para responder a los casos más severos de la infección.

Ver el video 02:36

Las desaparecidas durante el confinamiento en Perú

"El concepto de muertes confirmadas por COVID-19 es heterogéneo a nivel mundial, en ese sentido las comparaciones entre países pueden inducir a error”, sostiene Matuk. "El caso europeo más extremo es Bélgica, donde todo exceso de muerte es COVID-19, aunque no lo sea”. También recuerda, en relación con esta heterogeneidad estadística, que "en Alemania al comienzo solo las muertes en hospitales eran consideradas como muertes por COVID-19”.

Este jueves, el Gobierno peruano ha atribuido tener la tasa de mortalidad más alta del mundo al hecho de haber incluido la cifra de decesos sospechosos por la enfermedad en el número de muertes con prueba confirmada. "Estamos en época de frío en Perú, puede haber otro montón de infecciones respiratorias circulando que no están siendo diagnosticadas”, afirma Mayorga, de la OPS, quien defiende que los datos se están manejando con total transparencia. "Ese no el caso en todo el mundo”.

El profesor Ugarte coincide en pensar que "un porcentaje no despreciable tiene otras causas”. Y pone como ejemplo el hospital en el que trabaja: un hospital general con 400 camas reconvertido en un centro dedicado exclusivamente al COVID-19. "El sistema de salud se ha covidizado”, lamenta Ugarte, quien muestra preocupación por que se haya descuidado el resto de la atención sanitaria.

¿Cuántas personas están muriendo en realidad en América Latina?

Eso sí, el médico señala algo más, en línea con la transparencia estadística defendida por Mayorga: en su opinión, en el curso de los meses Perú ha sido capaz de detectar mejor el virus y su letalidad, en comparación con otros vecinos de la región. "Creo que Perú está registrando más casos al contar las pruebas positivas por detección de anticuerpos, cosa que no hace casi ningún otro país de la región”. En ese sentido, los tres entrevistados se muestran contrarios a la comparación internacional de sistemas disímiles.

Al final, sin embargo, esa es una discusión estadística, reconoce Ugarte. Las muertes por COVID-19 ocurren, se cuenten o no. "La razón principal es que nuestro sistema de salud no funcionó”, critica. "No estuvimos a la altura. Pero creo que los números de Perú son más reales”. La pregunta es pues cuáles son los números de la pandemia en Latinoamérica que aún no conocemos.

(ers)

https://www.dw.com/es/por-qu%C3%A9-la-pandemia-de-coronavirus-est%C3%A1-siendo-tan-mortal-en-per%C3%BA/a-54722046

lunes, 20 de abril de 2020

Qué hacemos cuando el martillo no chanca

Se supone que el “martillo” iba a aplastar al COVID. Eso no ha ocurrido. Necesitamos un plan B que parta del realismo, por más duro que sea. Aceptar y comunicarle a la población que no habrá vuelta a la “normalidad” tras la cuarentena. Y usar todos los instrumentos a nuestra disposición, corrigiendo rápidamente cuando corresponda, entendiendo que todo suma.

La República
19 Abr 2020 | 16:41 h

Por: Alfonso de la Torre, Piero Ghezzi y Alonso Segura
La cuarentena era el martillo que iba a aplastar al COVID-19. La medida dura, dolorosa incluso. El gobierno recibió aplausos iniciales, pese a que el resultado inevitable era un infarto económico. A fin de cuentas, la recompensa prometida era vencer a la epidemia y con ello a la amenaza que representa para los peruanos.
Esa victoria nunca llegó. Debemos aceptarlo. No tiene sentido intentar tapar el sol con un dedo. La curva se ha aplanado, pero la evidencia hasta el momento sugiere que no lo suficiente. No lo podemos confirmar con las cifras oficiales de casos reportados, que no son muy confiables. Pero sí con medidas más precisas como hospitalizaciones, internados en UCI con ventilación mecánica y defunciones, que parecerían mostrar solo una modesta reducción de la pendiente (ver gráfico 1).
El objetivo de la cuarentena no era aplanar la curva. Era chancarla. Lograr que el reloj retroceda varios meses.

Un martillo blando e impreciso


Hagamos un poco de historia. Hace cinco semanas un estudio del Imperial College (IC) de Londres cambió radicalmente la visión de muchos gobiernos. Señaló que mitigar (o aplanar la curva) era insuficiente.
Hasta ese momento se había instalado la idea de que aplanando la curva se permitiría que el número de hospitalizados (y principalmente aquellos que requieren servicios de UCI) estuviera por debajo de las capacidades de los sistemas de salud. El objetivo era obtener inmunidad de grupo (herd immunity) en un plazo prolongado: que un porcentaje suficientemente alto de la población se contagie, y deje de ser susceptible al virus y así este desaparezca, pero sin desbordar el sistema de salud. Se evitarían así muchas muertes. La idea era intuitiva.
Pero incorrecta. Los modelos epidemiológicos de IC (usando data real) decían que una curva aplanada sobrepasaría varias veces las capacidades UCI de cualquier país. Mitigar no iba a funcionar. Había que suprimir. Eran necesarias cuarentenas generalizadas que lleven R muy por debajo de 1, como en Wuhan. O sea, el martillo.
El estudio también recibió críticas. Tal vez la más válida es que asumía que luego de una cuarentena generalizada se soltaba. Y como muy poca gente se había contagiado e inmunizado –debido precisamente al éxito de la supresión–, meses después habría un rebrote. Parecía que solo se estaba pateando el problema.
Ante esto, el español Tomás Pueyo añadió que luego de la supresión no se podía simplemente soltar a ver qué pasa. Había que bailar: tomar acciones de acuerdo con cómo vinieran las cosas. Soltar y ajustar. El martillo para ganar tiempo y el baile para luego.
Algunos países han retrocedido el reloj sustancialmente con la supresión. China es el caso emblemático, pero no es el único. Nueva Zelanda es tal vez el mejor ejemplo. Recientemente otros países (Australia, Austria, Suiza, Dinamarca, Alemania) también han logrado que sus casos activos caigan: pocos nuevos casos y muchas recuperaciones (ver gráfico 2).
Ese no ha sido, lamentablemente, nuestro caso.
¿Qué pasó? No sabemos bien. Los medios resaltan los casos de violación de cuarentena. Una foto impacta. Pero la data dura de Google Mobility indica caída de hasta el 90% en el número de contactos en espacios públicos de comercio y recreación. Es una de las más marcadas de América Latina (ver gráfico 3).
Parte del problema es el número de personas promedio en nuestros hogares dadas las condiciones de habitabilidad. Pensemos en un caso extremo para entenderlo. Imaginemos que cada peruano viviera solo. Si nos quedamos todos 2 semanas en nuestras casas, la epidemia desaparecería. Los infectados no contagiarían a nadie encerrados en su casa.
Pero no vivimos solos. Mientras más grande la familia, mayor el número de contactos. En un hogar de 5 personas, cada infectado puede contagiar a los otros 4 y así esparcir la epidemia. El riesgo es aún mayor cuando cohabitan desde nietos hasta abuelos en predios que carecen de condiciones sanitarias adecuadas. Además, la densidad poblacional en predios/vecindario es alta. No voy a trabajar pero converso con vecinos o voy con frecuencia a la bodega.
Más allá de las razones que lo explique, no hemos logrado vencer la epidemia a martillazos. ¿Qué tan cerca nos hemos quedado?
Para saberlo necesitamos estimar R, el número efectivo de reproducción, y que determina la evolución de la epidemia. R mide el numero de personas que el infectado típico contagia y es una función del tiempo que el infectado contagia, del número de contactos que tiene, de la probabilidad de que contagie por cada contacto y del porcentaje de la población susceptible al contagio. R>1 y la epidemia sigue creciendo. R<1 1.="" a="" ceder.="" de="" debajo="" el="" empieza="" era="" martillar="" muy="" objetivo="" original="" p="" por="" r="" y="">
No podemos estimar R con la evolución reportada de contagios. La información es muy mala. No sabemos ni cuántos contagiados hay de verdad, ni a qué tasa crecen. No hay ni pruebas moleculares suficientes ni protocolos rigurosos.
Pero sí podemos estimar R con el número de hospitalizados y fallecidos. No directamente de una fórmula. Pero si indirectamente. Para ello usamos un modelo epidemiológico SEIR (Susceptibles, Expuestos, Infectados y Removidos) en la calculadora epidémica (https://gabgoh.github.io/COVID/index.html).
Encontramos que un R alrededor de 2 nos permite replicar aproximadamente la trayectoria reciente de hospitalizados y muertos. Hay varios parámetros que determinan el estimado de R y por ello imposible dar un número exacto. Pero si podemos decir con mucha certeza que la información disponible hasta hoy (viernes 17) sugiere que nos hemos quedado por buen margen. Y que parece bastante posible que incluso con una cuarentena generalizada y prolongada como la actual no podamos llevar R debajo de 1.
Hemos pagado los costos de la supresión con los (magros) beneficios de la mitigación. A menos que la información de los próximos días cambie sustancialmente, todo indica que como mínimo necesitamos un plan B.

Un choque de realismo para poder avanzar


Aunque la cuarentena estaba plenamente justificada en un inicio, la gran mayoría de peruanos necesita generar ingresos de forma más urgente. ¿Qué hacemos ahora si como parece no hemos controlado la epidemia?
No podemos subestimar la magnitud del reto que tenemos por delante.
Para una dosis de realismo usemos palabras recientes de la canciller alemana Merkel (doctora en Física): “si R se mantiene en 1.2 –es decir de cada cinco personas contagiadas una infecta a dos y las otras cuatro infectan a una–, se alcanza la capacidad de salud alemana en julio. Para que vean qué poco margen tenemos”. Imaginemos nosotros cuando nuestros cálculos dicen que estamos en 2. Y no somos Alemania.
El gobierno debe ser realista. Aceptar que la supresión no está funcionando como debería. Que los puntos de inflexión o de quiebre deberían ser obvios. La cuarentena no ha sido suficiente y tenemos que continuar la lucha contra el COVID-19 por otros medios.
Ser realistas implica no confundir a la población. Una muestra de lo que no hay que hacer son las pruebas. Está ampliamente aceptado que las adecuadas para diagnosticar el virus son las moleculares (https://www.paho.org/es/documentos/directriceslaboratorio-para-detecciondiagnostico-infeccion-con-viruscovid-19). Es decir, aquellas que identifican marcadores genéticos únicos al COVID-19.
Como no las adquirimos a tiempo ni en cantidades suficientes, estamos usando las serológicas, llamadas pruebas “rápidas”–también existen moleculares rápidas, que tampoco hemos conseguido–, que detectan el desarrollo de anticuerpos.
Estas pruebas tienen un alto porcentaje de falsos negativos – como lamentablemente hemos visto con el excongresista Ushñahua– en la primera semana de infección (y de falsos positivos posteriormente). No deben usarse para diagnosticar. Deberían ser únicamente usadas en una etapa posterior –cuando un porcentaje signifi cativo de la población esté contagiado– para identificar quiénes contrajeron el virus aún siendo asintomáticos y presumiblemente están inmunizados. Y así permitirles retornar al mercado laboral (sin riesgo de contagiar o ser contagiados).
Incorporar ambos tipos de pruebas (molecular y serológica) al “conteo” diario de pruebas o considerarlas “equivalentes”, como está haciendo el gobierno genera incertidumbre sobre el uso que le estarían dando a las pruebas serológicas. El INS/MINSA tiene un protocolo supuestamente orientado a mitigar el problema de falsos negativos —tomando una segunda prueba “rápida” siete días después— pero más allá de su eficacia, es incierto si siquiera están siguiendo el protocolo de manera rigurosa. Tampoco hay claridad sobre qué se hace con las personas durante la semana entre la primera prueba serológica negativa y la segunda de descarte (¿aislamiento?).
Debemos también aceptar y comunicarle a la población que no va a haber vuelta a la “normalidad” (ni cercanamente) cuando acabe la cuarentena. Una gran mayoría de la población cree que, con la excepción de espectáculos multitudinarios, sería básicamente back to business.
No será así. Debemos ser conscientes de que si no nos cuidamos obsesivamente y actuamos en todos los frentes, enfrentamos un escenario espeluznante. El riesgo a la salud de la población es inmenso. No es generar pánico. Es decirles la verdad.
Armado con la verdad (y la confianza que todavía genera en los peruanos) el presidente puede recomenzar. ¿Por cuál camino?

Del martillo al dique

El camino NO puede ser buscar la inmunidad de grupo. Esta estrategia resultaría en centenares de miles de muertos. En países con testeos masivos –como Alemania y Corea– la tasa de letalidad naif (muertes divididas entre casos) está entre 2.2% y 2.9% (y creciendo continuamente en las últimas semanas). ¡Y estamos hablando de Alemania y Corea! Pero supongamos que por el subreporte de casos la letalidad sea menor al 1%-2% aceptado como real. Usemos 0.5%. Con 25 millones de peruanos infectados para obtener inmunidad de grupo, esto implicaría fácilmente 125 mil muertos.
Casi seguro serían muchos más. Una vez que sobrepasamos la capacidad de UCI, la probabilidad de muerte es prácticamente 100%. Todo aquel que necesita ventilador y no lo tiene, fallece. Si usamos parámetros internacionales (https://science.sciencemag.org/content/early/2020/04/14/science.abb5793) y asumimos que 1.3 % de los casos necesitan UCI por 10 días, necesitaríamos una capacidad de atención de 3.25 millones de días UCI en los próximos meses. Es un nivel inimaginable. Tal vez terminamos ahí pero no puede ser nuestro plan B.
El único camino posible es, por el momento y con la información disponible, una estrategia de ”diques móviles”. Buscar minimizar dentro de lo económica, social y políticamente tolerable y posible la presión sobre el sistema de salud. Y esperar a que en los próximos 12-18 meses haya un tratamiento o vacuna efectiva. Necesitamos comprar tiempo de otra manera.
Este camino exige usar todo lo que sea posible. No es perder el foco sino entender que todo suma. No podemos darnos el lujo de descartar nada.
Debemos disciplinadamente generar un mecanismo para aprender, adecuar y mejorar. Necesitamos ciclos de aprendizajes hipercortos y corregir rápidamente lo que no funciona. Como en una guerra. Moviendo y adecuando nuestras defensas (diques), donde se requiera. Conscientes también de que repliegues tácticos (endurecer las medidas) pueden ser necesarios. Cuando el enemigo te está arrasando.
Ese aprendizaje no es ni automático ni obvio. A veces pareciera que la curva que más se ha aplanado es la de aprendizaje del gobierno. El tremendo esfuerzo de la población debe ser a cambio de una estrategia articulada de salida de nuestras autoridades. Una estrategia que hasta el momento no es visible.
Atrás quedó la decisión trascendental y acertada de la cuarentena, para poco a poco ir perdiendo el paso. Reacciones tardías, mensajes y acciones confusos (pruebas, protocolos de admisión, restricciones a movilidad, medidas económicas, etc.). Son muestras de un gobierno que se queda sin ideas y quizás hasta se autoengaña.
¿Por dónde empezar a corregir? Por lo obvio: expandir las capacidades de hospitalización y UCI, que requiere mucho más que una combinación de camas con ventiladores. Era muy importante si el martillo funcionaba. Es literalmente de vida o muerte ahora que parece que ello no ha ocurrido. Es fundamental el recurso humano (intensivistas y otro personal especializado en UCI), que no puede ser “adquirido” tan fácilmente. La distribución geográfica de las capacidades UCI también es importante. Es necesario que el Estado esté preparado para reasignar y movilizar recursos (desde ventiladores hasta personal médico) a lo largo del territorio. También que los protocolos de admisión para hospitalización eviten el rechazo de personas con signos evidentes de la enfermedad ante la ausencia (y las deficiencias) en las pruebas.
También se vuelve más urgente la necesidad de testear, rastrear y aislar. No vamos a ser Corea o Singapur, pero hay espacios significativos de mejora.
Esto nos podría en teoría ayudar a reducir R. Y brutalmente. El principal canal es que la duración de la infección relevante –es decir la etapa en la que el infectado contagia a otros– cae ya que al aislarse deja de contagiar. Por ejemplo, mientras que el periodo de infección biológico dura hasta 14 días, la identificación temprana de infectados puede lograr que esparzan la enfermedad solo por 2 o 3 días. ¡Es decir solamente ese factor puede reducir, en teoría, R hasta la séptima parte (=2/14)! No es lineal y no va a ser tan dramático, pero da una idea del potencial.
Esto debe ser complementado por otras medidas low tech que venimos sugiriendo hace varias semanas (“Ideas para una estrategia de salida” y “Perú y la cuarentena: ¿cuándo y cómo salimos?”) como uso obligatorio de mascarillas, jabones, aislamiento de ancianos y grupos vulnerables. También debemos incluir muchos más termómetros en espacios públicos. Pensar en el uso de “pasaportes inmunológicos” probablemente sea prematuro, dadas la poca confiabilidad en la aplicación de pruebas hasta el momento.
También debemos empezar a ver cómo aprovechamos perfiles demográficos como guía para reincorporar de forma más activa a la población de menor riesgo (jóvenes y mujeres), dada su menor tasa de letalidad. Y aplicar criterios geográficos en algunas decisiones.
Fundamentalmente la población debe ayudar, concientizada de la gravedad de la situación. El R no es solo una característica biológica de la epidemia. Es fundamentalmente el resultado de lo que hace la gente. Y para que la gente actúe, esta debe ser completamente consciente de la gravedad de la situación.
Ello nos devuelve a la importancia de que el gobierno, con el presidente a la cabeza, proteja su credibilidad con información veraz, oportuna y realista.
Con estos cuidados, se tiene que empezar a abrir pronto la economía, gradual e incrementalmente, en función del riesgo y la capacidad de mitigación, de manera de reactivar el aparato productivo y proteger hasta donde sea posible los puestos de trabajo. Para ello se requieren protocolos bien definidos, debidamente validados y rigurosamente implementados (con requisitos cumplibles). El gobierno tiene que ser pragmático. No se necesitan grandes estudios para entender que hay sectores formales que presentan riesgos mitigables e importantes beneficios (en términos de divisas, impuestos y empleo).
La población que opera en un entorno de informalidad debe estar informada sobre el peligro latente que representa la epidemia. Esto requiere de datos detallados y precisos que puedan ser compartidos con asociaciones de comerciantes, juntas de vecinos, etc. Los actores informales, cuando son conscientes de la gravedad de la epidemia, han sido los primeros en implementar medidas low tech (círculos plasmados en el piso para mantener el distanciamiento en mercados y venta de mascarillas a la entrada de establecimientos, por ejemplo). La razón es sencilla, y es que ellos son los más vulnerables frente a la paralización.
El reto es enorme pero el país puede estar a la altura si se le dice la verdad, por más dura y cruda que sea. Es el ingrediente principal. Sin verdad no habrá dique que contenga la epidemia.
Lo tiene claro otra mujer, también alemana y doctora (aunque en medicina) como Merkel, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, “no se puede superar una pandemia de esta velocidad o esta escala sin la verdad. La verdad, sobre todo: los números, la ciencia, la perspectiva, pero también sobre nuestras propias acciones”.

grupo larepublica

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https://larepublica.pe/sociedad/2020/04/19/coronavirus-en-peru-que-hacemos-cuando-el-martillo-no-chanca-la-curva-del-covid-19/

domingo, 3 de junio de 2018

Cómo mi hija se recuperó del autismo cuando cambié su comida

Maia me muestra con mucho orgullo su carpeta de tercer grado. Es una de las mejores alumnas de su curso. Me hace reír, dice que el recreo en su escuela "parece un apocalipsis zombi". Juega con mi grabador, pega gritos sorpresivos en medio de la frase para que una raya roja los registre. Se ríe mucho. Yo también. Porque sé que Maia tuvo autismo y ya no lo tiene: se recuperó haciendo una dieta que excluye la comida industrializada, el gluten, los lácteos, los huevos, la soja y el azúcar.

El número de personas diagnosticadas con Trastornos del Espectro Autista (TEA, llamado hasta hace poco tiempo TGD o Trastornos Generales del Desarrollo) aumentó dramáticamente desde la década de 1980. En 2008, la agencia norteamericana Center for Disease Control and Prevention (CDC) estableció que uno de cada 68 niños estaba dentro del espectro autista. Hoy, ese porcentaje creció a tal punto que hay uno cada 33 niños. Las cifras varían según quién elabore la estadística, pero no hay polémica respecto de lo alarmante del crecimiento de esta patología. Donde sí hay controversia es en la interpretación de por qué aumenta.

Un sector de la industria de la salud asegura que, en realidad, lo que mejoró fue el método para el diagnóstico, y que ello explica el aumento de casos. Pero no hay registros de disminución de casos de otras patologías que antes podrían haberse confundido. Es decir, no hay evidencia de que se trate de una mejora del diagnóstico y sí la hay del crecimiento de la enfermedad. La científica Stephanie Seneff, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), encendió hace poco la alarma al afirmar que uno de cada dos niños en Estados Unidos será autista en 2025.

Darse cuenta

Maia nació en España en 2008. Su mamá, Macarena Oyarzo, había ido a probar suerte allá como muchos otros cocineros: se había recibido en el Instituto Gastronómico del Sur de Quilmes unos años antes. Make (nadie le dice Macarena a Make) empezó a notar en un momento que Maia respondía cada vez menos a los estímulos y que tenía infecciones e inflamaciones a repetición. La lenta incorporación de los alimentos empeoró las cosas. El nacimiento de Malena, la segunda hija, un año después, le servía de comparación: Maia tardaba mucho más que su hermana menor para todo. Make empezó entonces un raid binacional de médicos -en el medio se volvió a la Argentina y se separó del padre de las nenas- hasta que, a los 17 meses, dice Make que Maia "se apagó".

Al cumplir tres años y medio, le diagnosticaron TGD no específico con discapacidad mental. "Con suerte, esta nena alguna vez va a ir al baño", fue el inolvidable comentario de un olvidable médico argentino.
-Fue un momento de mierda -recuerda ahora Make-. ¡Yo le había puesto tantas fichas a este bebé! Maia va a ser esto, esto otro. ¡Los proyectos que tiene una, todos borrados!
Me muestran videos de esa época: Maia plantada a centímetros del televisor, Maia que grita y se tapa los oídos mientras en el jardín le cantan el feliz cumpleaños, o Maia corriendo en círculos y "aleteando" (una de las conductas estereotipadas y repetitivas de los niños con TEA). Imposible reconocer en esa imagen a la nena que se ríe al lado mío porque se le escapó la palabra "mierda".

-¡Se me escapó! -explica con un risa pícara cuando la madre reprueba el vocabulario.
Y veo videos más viejos, en los que se ve a Maia gateando para conseguir una galletita.
-Fijate que ahora el papá se ríe y ella lo mira. Ahí está. ¿Ves? Conectaba la mirada.
Make se conoce de memoria los videos. Nos pasa a casi todos los padres, pienso. Pero las imágenes que veo yo, Make las vio mil veces porque necesitaba pruebas de algo que sabía: que el autismo de Maia era adquirido. Y esa obsesión la llevó a leer montañas de artículos y papers y a mirar decenas de conferencias. Así dio con las investigaciones de la conexión intestino-cerebro.

Make con sus dos hijas: Maia, de celeste, y Male.
Make con sus dos hijas: Maia, de celeste, y Male. Fuente: Brando - Crédito: Vera Rosemberg
En 2008, la agencia norteamericana Center for Disease Control and Prevention estableció que uno de cada 68 niños estaba dentro del espectro autista. Hoy creció a uno de cada 33. 

El opio de los péptidos

Aunque hace más de cien años que la literatura científica recopila datos sobre la permeabilidad intestinal aumentada, este síndrome no está reconocido como enfermedad y parte de la comunidad médica asegura que el trastorno carece de base científica.
Sin embargo, buena parte de los especialistas trabajan con esta hipótesis: el mal funcionamiento de las uniones estrechas intercelulares del intestino permite que entren elementos mal digeridos en la sangre y, según la predisposición genética de la persona, esos elementos pueden desarrollar enfermedades autoinmunes, inflamatorias, infecciones, alergias o cánceres, tanto intestinales como en otros órganos.

La Liga de Intervención Nutricional contra Autismo e Hiperactividad (LINCA) es una ONG que trabaja con esta perspectiva y provee información a las familias con personas en el espectro autista y a profesionales de la medicina. En su página puede leerse que Karl Reichelt, médico e investigador noruego fallecido en 2016, fue de los primeros en asociar la conducta de niños autistas con la de los adictos al opio o a la morfina. En la orina de estos pacientes, Reichelt encontró elementos con una gran similitud molecular a la morfina y propuso la teoría de que un grupo importante de personas con trastornos del desarrollo, como autismo y TDAH, no digiere correctamente las proteínas, principalmente las que se encuentran en los lácteos y en el gluten.

A esos elementos hallados en la orina se los llama péptidos opiáceos y alteran el funcionamiento del cerebro a nivel de los neurotransmisores. Este efecto se deja sentir en primer lugar en el intestino, nuestro segundo cerebro, donde se encuentran unos cien millones de neuronas.
Todas estas cosas leyó Make aquellas noches de estudio afiebrado. Y lo consultó con el neurólogo. "Hacelo, mal no le va a hacer -recuerda que le dijo-, pero no alimentes muchas esperanzas". El cambio radical de dieta se hizo un 13 de septiembre de 2012. Nadie olvida la fecha porque, desde entonces, la celebran como el segundo cumpleaños de Maia.
-Esa noche nos cambió la vida a las tres. Los primeros cuatro días fueron de locos, hubo momentos en que con Male nos encerramos en el baño porque Maia estaba furiosa. Revoleaba todo. Me mordió, arañaba el revoque de las paredes. Era síndrome de abstinencia de los lácteos.

Con la misma perseverancia que usó para entender el cuadro de Maia, Make armó un recetario de más de 150 platos.
Con la misma perseverancia que usó para entender el cuadro de Maia, Make armó un recetario de más de 150 platos. Fuente: Brando - Crédito: Vera Rosemberg
La mañana posterior a los cuatro días de furia, Make fue a despertarla y vio una imagen que, dice, no olvidará jamás. Maia tenía la carita apoyada en uno de los travesaños de la escalera de la cama y la miró fijo a los ojos por primera vez en años. Al reconocerla, le hizo una sonrisa. Make supo que por ahí iba la cosa.
Maia no se acuerda nada de eso. Era muy chiquita y además su cerebro vivió un tormentón. Pero sabe que tiene que seguir su dieta. No se encapricha con otras cosas, no se desbanda.

-¿Tus compañeros del colegio saben que no comés lo mismo que ellos? -le pregunto.
-Sí, dicen que tengo una dieta rara. Pero cuando les convido, todos la comen.
-Y vos, ¿probás la comida de ellos?
-¡Nooooo! ¡Me hace mal!

Pero el tema no le interesa, prefiere mostrarme las tareas de matemática, en las que se saca siempre las mejores notas. Es previsible, algunos estudiosos del tema llegaron a sostener que el Síndrome de Asperger (uno de los TEA más conocidos) es una capacidad de concentración beneficiosa para la carrera científica. Maia tiene otra explicación: "Las ciencias sociales son aburridas".
Lo primero que registró Maia cuando volvió a esta realidad fue a Hipólito, el perro. Lo llamaba; el perro venía a jugar y ella lo miraba. Después se conectó con su hermana Male. Y, de a poco, fue incorporando a los demás. Tras un año de dieta volvieron al neurólogo escéptico del tratamiento. Maia estaba entusiasmada porque tenían entradas para el teatro a continuación de la consulta. El médico llegó una hora tarde y la nena, furiosa porque se iba a perder la obra, se lo reprochó.

-¿A qué viene, mamá? -dijo el médico, prestando escasa atención al reclamo.
-A renovar el certificado de discapacidad -le dijo Make.
-¿De quién?
Make tragó saliva. Y saboreó la victoria.

En 2008, la agencia norteamericana Center for Disease Control and Prevention estableció que uno de cada 68 niños estaba dentro del espectro autista. Hoy creció a uno de cada 33.
En 2008, la agencia norteamericana Center for Disease Control and Prevention estableció que uno de cada 68 niños estaba dentro del espectro autista. Hoy creció a uno de cada 33. Fuente: Brando - Crédito: Vera Rosemberg
 

Una cocina de DD. HH.

Los primeros días del cambio de dieta, Make les daba puchero, una comida barata que no posee ninguno de los alérgenos más comunes que afectan al síndrome del intestino permeable. "Es una comida que sigo recomendando", dice. Y, mientras ganaba tiempo, fue reconfigurando todo lo que había aprendido en las escuelas de cocina. Con esa premisa -nada de TACC, ni leche de vaca, ni azúcar, ni soja, ni aditivos-, Make puso en juego su oficio.

-En la cocina uno es medio robot, ¿no? Es muy militar -dice-. Cuando trabajás para otro, no creás nada, es todo órdenes y tiempos. Pero ojo que no reniego de la cocina militar. Me sirvió. Nada más que había que modificar las materias primas -se toma unos segundos y corrige-. Bueno, en realidad, es más que eso. Hay un replanteo del objetivo . No se trata de cocinar para la exquisitez de algunos que pueden pagarlo, se trata de salvar vidas. Es una cocina de derechos humanos".

Con la misma perseverancia que usó para entender el cuadro de Maia, Make fue construyendo un recetario de más de 150 platos y elaboraciones. Desde alfajores de chocolate y grisines hasta pizzas y pastas. Maia y Male comen sano y variado en una relación en la que todos salieron ganando : buena parte de los ingresos de la familia provienen ahora de la venta de estos productos a pacientes de la dieta a los que se les complica cocinar tanto y de los talleres de Cocina Biomédica en los que enseña todo lo que aprendió mientras experimentaba.

Nicolás Loyácono integra el equipo de Enfoque Integrador que funciona bajo el marco de la investigación adhonorem del hospital de Clínicas.
Nicolás Loyácono integra el equipo de Enfoque Integrador que funciona bajo el marco de la investigación adhonorem del hospital de Clínicas. Fuente: Brando - Crédito: Vera Rosemberg
En diciembre de 2013, algunas madres le hablaron a Make de Nicolás Loyácono, pediatra de la UBA que estaba trabajando sobre TEA con el eje en una dieta sin gluten ni lácteos. Loyácono es investigador adjunto en el Hospital de Clínicas, trabaja como responsable del equipo TEA Enfoque Integrador y resume la premisa sobre la cual se basan: "Los alimentos de mala calidad nos inflaman y activan nuestro sistema inmunológico, y eso interfiere en nuestras funciones básicas, como en el nivel de concentración o en el sistema cardiovascular. En el cerebro, puede propiciar la alteración de conductas". Sobre esa base, desarrollaron tratamientos integrales. "Hacemos una evaluación de cada paciente no solamente del área neurológica psiquiátrica y de conducta, sino que también consideramos los problemas médicos que acompañan el diagnóstico, que solemos llamar PMC", dice.

Los PMC son "problemas médicos concomitantes", que acompañan el diagnóstico crónico -que en este caso es el TEA-, y pueden ser temas gastrointestinales, nutricionales, metabólicos, inmunológicos, bioquímicos, oxidativos, infectológicos o reumatológicos, entre otros comunes. "Cuantos más PMC vamos resolviendo, la sintomatología por la cual el TEA fue diagnosticado se reduce. Y muchas veces desaparece. La dieta es la base del tratamiento. En todos los casos, la dieta genera una desinflamación que mejora muchísimo la calidad de vida del paciente".
Con la misma perseverancia que usó para entender el cuadro de Maia, Make armó un recetario de más de 150 platos. Desde alfajores de chocolate y grisines hasta pizzas y pastas. 

Volver a casa

Tengo varios casos más o menos cercanos de TEA con mayor o menor severidad. Por eso, las conversaciones con Maia me conmueven tanto. Pero ni yo ni nadie en mi entorno habíamos escuchado hablar de la dieta biomédica, que, en el peor de los casos, mejora la calidad de vida del paciente. ¿Cómo puede ser? La conspiranoia se apodera de mí: se trata de un tratamiento muy barato, que no solo otorga un papel menor a la industria farmacéutica, sino que pone el foco sobre el potencial peligro de la alimentación contemporánea. ¿Es posible que ese sea el motivo de la poca difusión de esta terapia? Solo lo sabremos difundiéndola más, me digo.

Porque el caso de Maia es uno entre miles, en el mundo y en Argentina.

En su primer año y medio de vida, Manuel tenía todas las pautas de crecimiento normales, pero de a poco empezó a desconectarse, costaba hacer contacto visual con él, había que gritarle para que prestara atención, no interactuaba casi con nadie. En marzo de 2017, Mariano y Pamela recibieron el diagnóstico de su hijo: Manuel tenía TEA en nivel moderado. "Se nos paralizó el mundo -recuerda ahora Pamela-. No solo pensás en el momento, pensás en el futuro, qué herramientas va a tener, pensás en el bullying". También a través de la red, dieron con una madre colombiana cuyo hijo se había recuperado en base a la dieta que habían llevado adelante con un médico que trabajaba con LINCA. Pamela buscó, entonces, los médicos argentinos que trabajaban con esa ONG y llegó a Loyácono. "Lo nuestro no fue nada paulatino, al segundo día le saqué todo junto: lácteos, gluten, azúcar, aditivos, conservantes". Hasta entonces, Manu comía patitas de pollo procesadas, galletitas de chocolate, hamburguesas. "Le daba porquerías, ahora lo sé, porque uno se va informando", dice Pamela.  

A la semana de la dieta, Manu levantó un teléfono y dijo: «¿Hola, hola?». Pamela y Mariano empezaron a sentir que su hijo los «visitaba» de a ratos. "Era muy loco, con mi marido decíamos: «¡Está acá, está acá!». Era un momento que conectaba y se iba. Pero empezamos a avanzar en la dieta y se quedó definitivamente acá".
Y todo transcurrió en un año. Manuel no está recuperado ciento por ciento, pero la diferencia es apabullante y las perspectivas son muy alentadoras. "El acto de principio de año del jardín maternal fue muy angustiante para mí porque Manu se tapaba los oídos, aleteaba delante de todos. Yo lo quería bajar del escenario, fue horrible". Pero el acto de fin de año fue completamente distinto. "Las maestras me dieron la sorpresa de que abrió el acto tocando la armónica sentado en un banquito. Habría 400 personas y él nunca aleteó ni nada". ¿Las desventajas? Hay que cocinar mucho. "No parece un precio demasiado alto", dice Pamela.

A la semana de aplicar la dieta, Pamela notó que su hijo, Manu, reconectaba.
A la semana de aplicar la dieta, Pamela notó que su hijo, Manu, reconectaba. Fuente: Brando - Crédito: Vera Rosemberg

Tirando del mismo piolín me encuentro con el caso de Agustín, que tuvo un desarrollo similar a los niños de su edad hasta los tres años y, a partir de ese momento, sus habilidades -incluida el habla- empezaron a debilitarse y a perderse. "No toleraba algunas comidas, lo que ocasionaba vómitos y deshidrataciones cíclicas. Cada tres meses lo teníamos que internar", recuerda hoy la madre. A los tres años y seis meses le diagnosticaron TGD. Sus padres, Gaspar y Jessica, comenzaron a buscar tratamientos alternativos porque tenían mucha resistencia a suministrarle Risperidona, un medicamento antipsicótico muy cuestionado. En esa búsqueda dieron con el equipo TEA Enfoque Integrador del Hospital de Clínicas. "Le sacamos el gluten, la leche de vaca, los conservantes y aditivos y de a poco empezamos a ver los cambios", cuenta Gaspar.

Claro que no dejaron nunca de estimularlo con equinoterapia, fonoaudiología, e incluso lo mandaban a clases de inglés antes de que recuperara el habla, como estimulación. De a poco fue recuperando todas las habilidades que había perdido. Al mes ya tenía contacto visual. "A medida que avanzaba, también nosotros nos fuimos acomodando a la dieta, investigando, aprendiendo -dice Jessica-. Al principio nos costaba mucho conseguir los alimentos, teníamos que pedirlos por internet, hacer compras grandes, pero por suerte eso también se va resolviendo". Ya hay una mayor cantidad de proveedores de productos para esta comunidad, aunque -previsiblemente y al igual que en el caso de Make- muchos son padres que atravesaron este calvario.

Un ejemplo: los productos de limpieza industriales tienen infinidad de metales pesados que afectan a muchos niños con TEA. Unos padres ya los elaboran de manera artesanal para el resto de las familias que los necesitan. El crecimiento de este esquema de comercialización es también un buen indicador de la cantidad de personas que encontraron en este tratamiento un alivio al menos.
Agustín tiene hoy siete años, va a una escuela común y el año pasado llegó a ser abanderado. Los padres, con el pecho lleno de orgullo.

No resignarse

La teoría que da sustento a este tratamiento polemiza de alguna manera con la medicina genética y con el concepto de neurodiversidad. La primera es un poco la norma de lo impuesto, en materia de autismo. "Habitualmente, el paciente que llega a nosotros ha recorrido un número de consultorios de los cuales el 90% les dio una respuesta genética -confirma Loyácono-. Pero las estadísticas de los estudios científicos y las principales universidades del mundo sostienen que no más del 5% al 10% de estos problemas se pueden atribuir a una cuestión genética".

Por otro lado, también se polemiza con el concepto de neurodiversidad, que sostiene que las personas tenemos cerebros diferentes y, por lo tanto, características conductuales distintas. "Muchos padres dicen que hay que aceptar a los chicos como son y eso un poco me enfurece: si cambiándole la dieta le mejorás la calidad de vida, e incluso lo recuperás, ¿por qué vamos a elaborar una cultura de la resignación?", cuestiona Make. Loyácono agrega: "Es muy difícil que se pueda incluir a un niño que tiene conductas disruptivas como gritar o autoinfligirse daño. Pero lo más importante es que esas conductas muchas veces tienen su base en problemas médicos concomitantes que son diagnosticables y tratables".

Los tres neurólogos tradicionales que contacté para esta nota declinaron amablemente su participación. En ningún caso desconocen la mejora en la calidad de vida de los pacientes que optan por el cambio en la alimentación, pero el marco teórico genetista sigue siendo un poderoso cinturón ante una "teoría emergente", como llaman a esta tendencia.
La comida que comemos actualmente tiene 300 veces más gluten que la de hace 60 años. Porque la industria usa harinas como estabilizantes, espesantes o, simplemente, para "estirar", es decir, abaratar las preparaciones. Por eso -por la profunda degradación de la calidad de la comida masiva-, esta dieta es recomendable no solamente para quienes ya fueron diagnosticados con alguna patología: es una excelente forma de prevenir.

Pamela, la madre de Manuel, tiene una anécdota al respecto: "Yo tuve jaquecas muy fuertes toda la vida. Me hicieron estudios de cervicales, fui al oculista porque no enganchaban qué podía ser. Me asusté, pensé que tenía algo en la cabeza. Cuando empezamos la dieta con Manu, modificamos algunas pautas de consumo nosotros porque no queríamos que él deseara. Y, al primer mes de evitar los lácteos y el gluten, se me fueron los dolores de cabeza. Así que, evidentemente, no soy celíaca, pero tengo una intolerancia que no habían detectado".
A algunas personas se les convierte en celiaquía, a otras puede generarle trastornos del espectro autista y otros pueden desarrollar un cáncer o cefaleas. O nada. En cualquier caso, la mala alimentación no distingue clases sociales: el 60% de los argentinos adultos padecen de obesidad o sobrepeso.

"Cada nene es un mundo -dice la nutricionista Maria Luz Sanz, integrante del equipo que dirige Loyácono-. A veces, tenemos que sacar alimentos que nunca habían aparecido como poco tolerados. El otro día nos dimos cuenta de que un nene tenía problemas con un jugo de naranja exprimido que tomaba a la mañana. Le sacamos el jugo y el nene mejoró la materia fecal y la sintomatología general. A veces, la gente hace alergias alimentarias no solo a los alérgenos más comunes. Puede hacerlo a otros alimentos". Por eso es tan importante que el tratamiento sea personalizado.
Lo que hace mal a algunos puede no hacer mal a todos. Muchas personas pueden vivir toda la vida sin manifestar problemas serios ante los alimentos tachados de la dieta biomédica. Y, sin embargo, dice Make que todo el mundo debería suprimir los lácteos y el gluten como prueba por unos meses. "Yo digo que la mejora va a ser evidente en cualquiera que siga esta forma de alimentación. Porque no hacerla te quita derechos".


https://www.lanacion.com.ar/2130709-como-cure-el-autismo-de-mi-hija-cocinando

domingo, 11 de febrero de 2018

La percepción de las drogas

La Comisión Global de Políticas de Drogas, que presidió el exmandatario brasileño Fernando Henrique Cardoso y tiene ahora como directora a Ruth Dreifuss, expresidenta de Suiza, está integrada por políticos, funcionarios internacionales, científicos e intelectuales de diversos países del mundo y lleva a cabo desde el año 2011 una valiosa campaña a favor de una política más sensata y realista en el dominio del narcotráfico y el consumo de estupefacientes que el de la mera represión policial y judicial.

En los siete informes que ha publicado desde que se creó, sustentados en rigurosas estadísticas e investigaciones sociológicas y clínicas, ha mostrado de manera inequívoca la futilidad de combatir aquel flagelo con prohibiciones y persecuciones que, pese a los miles de millones de dólares gastados en ello, en vez de reducir han aumentado vertiginosamente el consumo de drogas en el mundo, así como la violencia criminal asociada a su producción y distribución ilegales. En casi todo el mundo, pero, principalmente en América Latina, las mafias de narcotraficantes son una plaga que causan decenas de millares de muertos y son, sobre todo, una fuente de corrupción que descomponen las instituciones, infectan la vida política, degradan las democracias y, no se diga, las dictaduras, donde, por ejemplo en Venezuela, buen número de dirigentes civiles y militares del régimen están acusados de dirigir el narcotráfico.


Al principio, las labores de la Comisión se concentraban en América Latina pero ahora se han extendido al mundo entero. El último informe, que acabo de leer, está dedicado a combatir, con argumentos persuasivos, la general percepción negativa y delictuosa que los gobiernos promueven de todos los consumidores de drogas sin excepción, presentándolos como desechos humanos, propensos al delito debido a su adicción y, por lo mismo, amenazas vivientes al orden y la seguridad de las sociedades. Quienes han preparado este trabajo han hecho una cuidadosa investigación de la que sacan conclusiones muy distintas. En primer lugar, las razones por las que se consumen “sustancias psicoactivas” son muy diversas, y, en gran número de casos, perfectamente justificadas, es decir, de salud. De otro lado, entre las mismas drogas hay un abanico muy grande respecto a las consecuencias que ellas tienen sobre el organismo, desde la heroína, con efectos tremendamente perniciosos, hasta la marihuana, que hace menos daño a los usuarios que el alcohol.

Todos los informes de la Comisión vienen acompañados de pequeños testimonios de gentes de muy diversa condición gracias a los cuales se advierte lo absurdo que es hablar de “drogadictos” en general, sobre todo debido a lo que esta palabra sugiere de degradación moral y peligrosidad social. Hay una abismal diferencia entre el caso de Nicolás Manbode, de la isla Mauricio, que a los 16 años comenzó fumando marihuana, pasó a inyectarse heroína a los 18 y fue por ello a la cárcel a los 21, donde contrajo una hepatitis y el sida, y la portuguesa Teresa, que no bebe alcohol, pero se acostumbró a tomar anfetaminas, éxtasis, LSD y hongos alucinógenos y cuyo problema, dice, ahora que en Portugal se ha descriminalizado el uso de las drogas, es el riesgo que significa comprar aquellas sustancias en la calle sin saber nunca las mezclas con que los vendedores pueden desnaturalizarlas.

Un caso muy interesante es el de Wini, madre de Guillermo, en Chile. Su hijo, nacido en 2001, a los cinco meses comenzó a tener convulsiones que le cortaban la respiración. A los dos años los médicos diagnosticaron que el niño era epiléptico. Todos los tratamientos, incluida una cirugía cerebral, fueron inútiles. En 2013 Wini comenzó a leer artículos médicos que hablaban de un aceite de marihuana y, gracias a una fundación, pudo conseguirlo. Desde que Guillermo comenzó a tomarlo, las convulsiones se atenuaron -de cerca de diez a una o dos al día- e incluso cesaron. Dada la complicación en obtener aquel aceite, la señora Wini comenzó a cultivar marihuana en su jardín, algo que, aunque no es ilegal en Chile, escandalizaba a su familia. El médico que trataba a Guillermo, escéptico al principio, se convenció luego de los efectos benéficos de aquel aceite y llegó a escribir un artículo sobre la terapia positiva que aquel tenía en el tratamiento de la epilepsia.

Según el Informe, los estigmas sociales y morales que recaen sobre las personas que usan drogas hacen mucho más difícil que se libren de ellas; el prejuicio que se cierne sobre ellas es asumido por las propias víctimas, y esta autoculpabilidad agrava la necesidad de recurrir a esa artificial manera de sentirse en paz consigo mismos. Una de las estadísticas más elocuentes de este informe es que son proporcionalmente mucho más numerosas las personas que se emancipan de la drogadicción en las sociedades más abiertas y tolerantes con su consumo que en las que la represión sistemática es la política reinante.

Aunque las razones que esgrime la Comisión Global de Política de Drogas para pedir que cesen los prejuicios y clichés que acompañan a cualquier tipo de drogadicción sean convincentes, mucho me temo que la única manera en que aquellos vayan cediendo será la descriminalización de los estupefacientes y a la represión reemplace una política de prevención y tolerancia. Desde luego que la legalización entraña peligros. Por eso, es importante que ella vaya acompañada de campañas activas que, como ha ocurrido con el tabaco, informen a los ciudadanos de los riesgos que aquellas representan, y de unas políticas efectivas de rehabilitación. Las ventajas de todo ello se advierten ya en las sociedades que han ido adoptando medidas más realistas frente a este problema. De hecho, la legalización acabaría con la criminalidad que es la peor de las calamidades generadas por las drogas. En países como México la lucha de los poderosos carteles que se disputan territorios deja decenas de muertos cada mes, contamina la vida política con una corrupción que degrada la democracia y llena de zozobra y sangre la vida social. Ella permite a los delincuentes amasar fortunas vertiginosas como la del famoso Pablo Escobar, el asesino y narco colombiano que ahora es el héroe de películas y seriales televisivas que aplaude el mundo entero.

Uno de los argumentos con los que se suele combatir la idea de la legalización es que, cuando ella tiene lugar, como ocurrió por ejemplo con la marihuana en Holanda, país pionero en este dominio, aquello suele ser un imán que atrae consumidores de droga de todas partes. Eso ocurre porque los lugares donde aquella libertad se practica son muy pocos en el mundo. En todo caso, ese es un fenómeno pasajero. Hace poco estuve en Uruguay y pregunté qué efectos había tenido hasta ahora la nueva política emprendida por el Gobierno respecto de la marihuana. Las respuestas que obtuve variaban, pero, en general, la legalización no parece haber estimulado el consumo. Por el contrario, algunos me dijeron que, al desaparecer el tabú de la prohibición, para mucha gente joven había disminuido el prestigio del cannabis.

Poco a poco, en todo el mundo hay cada día más gente que, como promueve la Comisión Global de Política de Drogas, cree que la mejor manera de combatir la droga y sus secuelas delictivas es la descriminalización. Uno de los mayores obstáculos proviene, sin duda, como lo profetizó Milton Friedman hace muchos años, de que hoy día tantos miles de miles de personas vivan de combatirlas.

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